Ya llovió desde que volví de Dublin. Y mucho, en la península, parece ser.
Estas semanas las he pasado okupando la casa de Jorge, haciendo viajes al IKEA (o debería decir
Aiquia) y tirando euros para dejar
mi nueva casita un poco mona. Y poco a poco se va consiguiendo:
El baño es lo mas moderno de la casa. Os da envidia la cabina de hidromasaje, ¿eh?
En mi defensa diré que la funda nórdica NO la elegí yo, jeje!
Lo que tiene el IKEA, que hay que montar las cosas. Pero con ayudantes así, ¿quien se queja?
Menos mal que no todo el gastar; también se puede heredar. ¿Y que mejor que unas ollas con paramecios encantadoramente horteras?

Eso si, la cocina queda encasillada. El resto, también tiene que ser hortera... pero con estilo:
Pues a falta de los armarios, que están de camino, esto esta listo para ser disfrutado, aunque no sea la panacea de la decoración. Bah, no se de que me quejo, que hasta tengo mascotas ya!
Don Ratón, el peluche mas desagradable del IKEA (después de la rata de cloaca), pero encantador.
Y mi oveja depresiva, que me acompaña desde León.