Llegué ayer a Ponferrada tras hacer escala en León el día anterior para celebrar el cumpleaños de Cris. Hacía tanto tiempo que no estaba en la ciudad donde viví la mayor parte de mi etapa universitaria, que caminaba con vergüenza por sus calles al darme cuenta de que no las reconocía. Menos mal que no iba sola, Ana, recién llegada de Dublín, hacía de guía y soporte por las heladas aceras de la ciudad. Aunque la pobre no pudo evitar que me cayera de culo en una ocasión... Esta vez, las noticias no exageraban y León estaba intransitable, con una generosa capa de hielo bien pulido en todas y cada una de las aceras.
Ponfe no presenta una aspecto demasiado diferente, pero sí más agradable, ya que el temporal aquí ha sido más benigno y ha cubierto todo de blanco, pero con una temperatura bastante más llevable.
Y como no queda mucho más remedio que pisarla, esta mañana de paseo, Sirin ha descubierto que la nieve es bastante más divertida de lo que ella se pensaba.
