Un martes cualquiera, de los que todavía guardan la amargura del principio de la semana para algunos, yo me levanto (muy) prontito, veo amanecer desde el tren destino Móstoles Central y antes de las 11 de la mañana estoy en La Pedriza bajo un Sol agradabilísimo de primavera, con el Manzanares rugiente y limpio a los pies, los rabilargos y buitres por encima de mi cabeza y de las de los pequeños que se piensan que tienen un día sin cole. Ay, que inocentes, lo que ocurre es que lo disfrutan y por eso, no parece cole.
¡Cómo me gusta lo que hago!
